Bákota: el mundo inundado

20 de Julio 2020
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Bákota es un pueblo inundado en la región de Podolia, cerca de la ciudad Kamianéts-Podilskyi. Hoy en día, este lugar es conocido por sus increíbles paisajes y su tranquilidad. Hace medio siglo, cientos de familias abandonaron sus hogares y granjas, la gente fue desalojada y el pueblo inundado, con el fin de construir un embalse para una potente central hidroeléctrica. Taras Horbniak, natural de Bákota, fue desalojado de allí junto con su familia cuando tenía 27 años y en la actualidad, organiza excursiones por los lugares que en otro tiempo fueron su hogar.

En origen, Bákota era una ciudad. La primera mención de ella aparece en una crónica del año 1240 como el centro administrativo más grande de la Llanura del Dniéster y contaba con más de 3.000 habitantes. En los siglos XIII–XVI, el territorio entre los ríos Dniéster y Bug se denominaba «Rus Dolna» y Bákota fue la capital de esas tierras. Allí se entrecruzaban tanto rutas comerciales terrestres como fluviales.

La palabra «bákota» existe en la cultura de distintos pueblos: en Gabón y Congo vive la tribu bákota (o kota); en la India hay dos pueblos con este nombre; un tercio de los habitantes del pueblo Fytkiv, en la región de Precárpatos, tienen esta palabra por apellido; en la región de Volinia hay un pueblo llamado Bakoty y en Transcarpatia está Bakty.

En el idioma celta significa «valle». En rumano, «pedazo de pan»; en turco, «ver lejos». Taras Horbniak recopila todas sus modalidades:

― ¿Y en sánscrito? La palabra «kot» significa «fortaleza» y la palabra «baka», «cigüeña». «Bakhata» quiere decir «demasiado», cuando existe un exceso de algo. Si juntamos dos palabras, «phata» y «atata», esto va a significar «curva abrupta de un río a pie de una montaña». Y ya para terminar, «phati»: que significa «fiel» o «súbdito». Y ahora dígame: «¿Cuál de estas palabras no corresponde a este lugar y cuál es la más relevante?»

Toda ciudad que se aprecie tiene su gran templo. En Bákota existía el «Monasterio de las cuevas» (Monasterio Mykhailivskyi de Bákota), el cual se construyó entre los siglos XII–XIII en la montaña «Bila» (Blanca). Antes, en ese sitio se erigía un templo pagano y las evidencias arqueológicas más antiguas relacionadas con él se remontan al siglo II a.c.

En el idioma celta significa «valle». En rumano, «pedazo de pan»; en turco, «ver lejos». Taras Horbniak recopila todas sus modalidades:

― ¿Y en sánscrito? La palabra «kot» significa «fortaleza» y la palabra «baka», «cigüeña». «Bakhata» quiere decir «demasiado», cuando existe un exceso de algo. Si juntamos dos palabras, «phata» y «atata», esto va a significar «curva abrupta de un río a pie de una montaña». Y ya para terminar, «phati»: que significa «fiel» o «súbdito». Y ahora dígame: «¿Cuál de estas palabras no corresponde a este lugar y cuál es la más relevante?»

Toda ciudad que se aprecie tiene su gran templo. En Bákota existía el «Monasterio de las cuevas» (Monasterio Mykhailivskyi de Bákota), el cual se construyó entre los siglos XII–XIII en la montaña «Bila» (Blanca). Antes, en ese sitio se erigía un templo pagano y las evidencias arqueológicas más antiguas relacionadas con él se remontan al siglo II a.c.

Se podría suponer que el nombre de la montaña Bila se debe a la roca caliza de la que está formada. Sin embargo, en sánscrito la palabra «bila» significa «cueva, madriguera». Como cabe esperar, en esta montaña había cuevas kársticas o formaciones similares, que servían de refugio a la gente contra el viento y la lluvia. Los monjes de aquel monasterio vivían en una de las cuevas que se ha conservado hasta el día de hoy.

En 1981, durante la construcción de la central hidroeléctrica Novodnistrovska, todos los habitantes fueron desalojados a ciudades cercanas y Bákota, al igual que otros pueblos, fue inundado.

En total, 16 mil hectáreas de tierra fértil, 100 hectáreas de bosque, innumerables viñas y 28 pueblos desaparecidos. Estas fueron algunas de las pérdidas que los habitantes de la zona tuvieron que asumir con la creación del embalse.

En la actualidad existe un embalse cuya longitud máxima alcanza los 200 km y el terreno inundable tiene una superficie total de 1.590 ha.

La historia de la central hidroeléctrica Novodnistrovska empezó con una orden procedente de Moscú, a raíz de la cuál comenzó la construcción en cascada de dicha central. Los habitantes de Bákota no se imaginaban la potencia de esta cascada, aunque en aquella época solo estaba previsto construir tres estaciones hidroeléctricas. Se pensó que el uso de agua como recurso energético requería dos turbinas: una funcionaba como generadora y otra bombeaba el agua. De esta manera, el impacto medioambiental se redujo casi al mínimo.

Taras cuenta que Bákota era un sitio natural sin igual incluso antes de construcción de la central. El microclima de la zona y los cañones rocosos protegían al lugar de las inundaciones, los fuertes vientos y lluvias torrenciales, al tiempo que la tierra fértil era de gran calidad. Además de todo esto, el agua era cristalina y potable y en ella era frecuente encontrar truchas y cangrejos de río. Aunque profundo por lo general, había varios lugares concretos en los que se podía vadear el antiguo río.

El monasterio de las cuevas

La historia del monasterio de las cuevas Mykhailivskyi de Bákota se remonta a tiempos precristianos. Estas cuevas tienen casi cuatro mil años de edad y se han utilizado siempre para cultos paganos de adoración a los elementos de la naturaleza. Hasta el día de hoy se han conservado varios artefactos paganos: un pie humano cincelado en roca, ídolos y aras de piedra. Este período histórico es el menos estudiado. Según Taras, el cristianismo no llegó hasta este lugar hasta el siglo XI.

El monasterio de las cuevas Mykhailivskyi de Bákota tiene una estructura invertida: normalmente la iglesia está por arriba de las celdas. En Bákota, las cuevas se formaron mucho antes y cuando se construyó el monasterio ya existía el oratorio.

En el siglo XV, Bákota se hallaba en la frontera de dos estados: Polonia y Lituania. Dado que se encontraba en terreno fronterizo, la actitud agresiva de los cristianos hacia este monasterio hizo que acabara por desaparecer. En el año 1620 hubo un terremoto que enterró el monasterio bajo tierra. Años después en el sitio de las cuevas de aquel monasterio se construyó una iglesia que sufrió varias transformaciones en el transcurso del siglo XX. Según el régimen existente en cada período se celebraba misa o no. Desde el 1918 hasta el 1944, solo guardias fronterizos podían utilizar el sendero que hoy lleva a la iglesia. En aquella época Bákota se hallaba en la frontera con Rumanía:

― Sí, durante 22 años la frontera con Rumanía se hallaba aquí. Ahora todo esto da risa, pero es que ni podemos imaginarnos las condiciones de vida de aquella época. Estaba prohibido bañarse, pescar, pastorear vacas… En cada pueblo había un puesto fronterizo y un muro de dos metros de alto. Quedaba prohibido cantar, silbar, llevar ropa de colores… Los guardias fronterizos estaban por todas partes.

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Los abuelos de Taras nacieron y crecieron en este valle. Dado que el pueblo se hallaba en la frontera, su abuelo fue enviado al gulag (campo de concentración de la antigua Unión Soviética) en la década de 1930 y de allí a las obras de construcción del Canal Mar Blanco–Báltico. Se sospechaba que la población de zonas fronterizas estaba involucrada en actividades de contrabando. Tras su regreso, este hombre se topó con otro problema: en aquel momento ya había entrado en vigor la orden que prohibía a las personas con antecedentes penales vivir en un radio de 50 kilómetros de la frontera. Tan solo pudo regresar a casa durante la guerra.

Cuando era niño, Taras solía ir a la iglesia local, pero no podía entrar en la cueva, ya que ésta funcionaba como altar. Al cabo de un par de años, bajo el lema «La religión es el opio del pueblo», los alumnos de secundaria destrozaron el templo con sus propias manos en vez de asistir a las clases de educación laboral. No fue hasta que el templo estuvo en ruinas que Taras pudo entrar en la cueva. No obstante, nadie se atrevía ya a rezar allí.

Hoy, esta iglesia funciona con total libertad. Aquí no hay sacerdote, tampoco hay ninguna división confesional. Los iconos de la iglesia ortodoxa y uniata, así como el icono de Dios Padre, están juntos:

— Es un tesoro nacional, cuya única función es no dividir a la gente según su fe, sino permitir la entrada a todos. Además, es un lugar muy frecuentado por turistas y no solamente de Ucrania. Es el carácter único, la espiritualidad de estas cuevas lo que atrae a mucha gente. Aquí no existe la vigilancia. Este lugar marcha bien.

Taras está convencido de que este lugar sigue existiendo debido a su potentísima energía. Sostiene que la gente viene para curarse por los siguientes motivos:

― Para empezar, el agua es limpia y buena y es, además, un lugar de culto sagrado en el que se respira una energía especial. Finalmente, por la fe.

El desalojo

Taras trabaja como guía turístico, haciendo desaparecer los mitos más importantes sobre Bákota. Abandonó el valle cuando tenía 27 años, y ahora cuenta su historia a los turistas:

— Se construyó un embalse que hoy se conoce como el mejor paraje natural de Ucrania dentro de la categoría «Las 7 maravillas de la naturaleza». ¿A qué se debe? He perdido mi hogar y, sin embargo, con su pérdida se ha contribuído a hacer de Ucrania un lugar mejor. ¿Es esto una ventaja o una desventaja? ¿Cómo saberlo?

El desalojo de los habitantes de los pueblos duró ocho años y se necesitaron seis años más para llenar el valle con agua. El Estado ofreció una compensación económica muy pequeña y dio tierras a aquellas personas de avanzada edad que no poseían los medios para construir o comprar una casa nueva:

— En realidad, las condiciones del desalojo eran un poco duras para la gente. El Estado destinaba el 20 % de la compensación económica recibida a que los propios lugareños demolieran sus propias casas, talaran los árboles de sus jardines y, en resumidas cuentas, pusieran punto y final al que había sido su hogar, el de sus padres y el de sus abuelos. Por eso, yo fui uno de aquellos que decidieron demoler su casa. Si no, me hubiera quedado sin 700, 800 o 1000 karbóvanets (antigua moneda de Ucrania). En aquella época uno tenía que trabajar un año entero para ganar tanto dinero.

Hasta entonces, la mayoría de los habitantes de Bákota nunca había visto un tren, quizás un avión en un par de ocasiones sobrevolando el cañón y nunca miraban más allá de su valle. Para ellos, su tierra era lo más preciado y se entregaban a ella con toda su alma.

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Cuando tuvo lugar la festividad de Pokrova (la Protección de la Madre de Dios) la gente acudió al pueblo semidestruido: algunos ya se habían mudado y otros no se atrevían a hacerlo y ponían excusas para no irse de allí. Taras recuerda que todos bailaban y se divertían, pero por dentro estaban tensos, ya que cada uno era consciente de que esa sería su última noche en el valle:

— Alguien dijo: «vayamos al centro del pueblo». Fuimos todos juntos, los niños también, y lloraban mucho. En el pueblo ya no había electricidad. Caminamos y caminamos hasta que llegamos al centro, formamos un círculo, nos arrodillamos y después nos marchamos. Imaginad tal sentimiento de pertenencia a la tierra; es algo que llevamos en nuestra sangre.

En el sitio donde hoy se baña la gente había un huerto de alguien. En el sitio donde los turistas montan sus tiendas de campaña corría una calle. En los 37 años desde que el pueblo desapareciera Taras ha organizado 2 encuentros de los bakotanos, en su mayoría migrantes internos. Taras ama este lugar; Bákota es parte de él:

— Como un cardo que se pega al pantalón, se me pega cada palabra relacionada con Bákota. Para mí es lo más importante.

Cómo filmamos

El material ha sido preparado por

Autor del proyecto:

Bogdán Logvynenko

Autora:

Valeria Didenko

Redacción:

Yevgenia Sapóshnykova

Producción:

Olga Shor

Fotos:

Oleksii Karpóvych

Cámara:

Pavló Pashkó

Oleksandr Portián

Directora de montaje:

Yulia Rubliovska

Dirección:

Mykola Nosok

Edición de fotos:

Oleksandr Jomenko

Transcripción:

María Gluj

Traducción:

Anna Markhovska

Redactor de la traducción:

Óscar Recacha

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