Dinero para chatarra. ¿Por qué los rusos tiraron 164 millones de pensiones?

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Según el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Ucrania, desde el inicio de la guerra y hasta el 30 de marzo, Rusia ha perdido 4.417 unidades de diversos equipos, así como más de 17.000 efectivos. Además, según el Pentágono el 29 de marzo de 2022, se dispararon más de 1.370 misiles hacia Ucrania. Y estos números siguen creciendo constantemente.

Rusia no ha sufrido pérdidas similares, humanas y técnicas, en ninguna de las guerras que inició (y solo en los últimos 30 años ha habido muchas de estas guerras). Pero además de privar a los invasores de la oportunidad de emprender hostilidades activas, cada tanque o helicóptero derribado también genera importantes pérdidas financieras.

En total, Rusia ya ha perdido un estimado de 9.300 millones de dólares en equipos, misiles y pagos militares al 30 de marzo de 2022. Este dinero no se gastó en la defensa del propio país o en el desarrollo de su infraestructura militar. Fueron utilizados en la guerra contra Ucrania (que Ucrania jamás y de ninguna manera provocó), para destruir barrios residenciales, jardines infantiles, hospitales de maternidad y para matar a civiles. A juzgar por las crecientes pérdidas de la Federación Rusa, parece que una de las tareas del ejército ruso es destruir la mayor cantidad posible de su propio equipo y personal.

En lugar de financiar la agresión armada contra el pueblo ucraniano, estos fondos podrían haber sido utilizados para mejorar el nivel de vida de los ciudadanos de la Federación Rusa. En cambio, los rusos solo recibieron pérdidas, sanciones económicas y aislamiento internacional (incluido un boicot cultural).

Por ejemplo, con estos $9.300 millones se habría podido pagar 164 millones de pensiones mínimas, es decir, cada pensionado del país podría haber recibido 4 pagos adicionales.

O construir 96 nuevas universidades en todo el país, similares a la Universidad Corporativa de Sberbank. Quizás invertir en educación ayudaría a promover Rusia y sus instituciones educativas en el extranjero. En cambio, la guerra anuló el reconocimiento de los títulos rusos a nivel internacional.

Esta cantidad también podría haberse invertido en el programa de asociación Space X de Elon Musk y 157 lanzamientos del cohete Falcon 9. Por lo tanto, el director de Roscosmos, Rogozin, podría haber demostrado su capacidad para trabajar al menos en otro lugar que no sea su cuenta de Twitter. Sin embargo, el lanzamiento de misiles pacíficos para el desarrollo de la sociedad no es un escenario para Rusia.

En lugar de matar a 148 niños ucranianos (al 30 de marzo), Rusia podría haber pagado el tratamiento para 4.675 niños diagnosticados con atrofia muscular espinal (AME). Salvar una vida cuesta $2 millones, y casi siempre las familias con este diagnóstico no pueden reunir esa cantidad por sí solas.

Además, con el dinero gastado en la guerra, los rusos podrían haber construido más de 16.000 kilómetros de nuevas carreteras. Esto permitiría mejorar completamente la superficie de la carretera en la ruta Moscú – Yakutsk. O pavimentar un nuevo camino desde la capital de la Federación Rusa hasta algún pueblo remoto en el interior de Rusia. O ese dinero podría haber sido invertido en la compra de 133 mil nuevos buses para el transporte de pasajeros. Eso sin mencionar cuántos empleos podría haber generado la construcción de estas vías o la compra de buses.

$ 9,3 mil millones es una cantidad importante en el presupuesto estatal que se puede invertir en el desarrollo o al menos gastar en las necesidades de la población. Sin embargo, Rusia, acostumbrada a amenazar a todo el mundo con la guerra y canonizar el lema “podemos hacerlo de nuevo”, refiriéndose a la victoria en la Segunda Guerra Mundial, está dispuesta a convertir cualquier dinero en chatarra tirada en las carreteras y campos ucranianos, misiles que matan a civiles o militares que mueren todos los días participando en el terrorismo en un país extranjero.

El material ha sido preparado por

Autor del proyecto:

Bogdán Logvynenko

Autor:

Denís Shabanin

Jefa de redacción:

Natalia Ponedílok

Redacción:

Kateryna Legká

Edición de fotos:

Yuriy Stefaniak

Diseño de gráfica:

Glib Aguéienko

Administradora de contenido:

Kateryna Yuzéfyk

Traducción:

Nadia Vasylchenko