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Rusia es uno de los principales proveedores de carbón, petróleo y gas en el mundo. Se aprovecha de ello para chantajear a los países que imponen sanciones económicas en contra suya y la invasión armada en el territorio ucraniano. La venta de petróleo y gas da a los rusos la posibilidad de recibir dinero para continuar con la guerra. El mundo está tomando medidas para limitarlo: el quinto paquete de sanciones de la UE introdujo un embargo sobre el carbón ruso, que comenzó a operar en agosto del 2022, Polonia rompió prematuramente el acuerdo de gas con la Federación Rusa, EE.UU. prohibió el importe de petróleo y gas rusos en principios de marzo. Sin embargo, ¿cuánto dependen Europa y otros países de los recursos rusos y si es posible el embargo total sobre ellos? Intentemos averiguarlo.

Según los datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Rusia es uno de los tres principales productores de petróleo junto a Arabia Saudí y los Estados Unidos. En el año 2021, la exportación de petróleo y gas constituía el 45 % de todo el presupuesto del país.

En 2021, en el top 10 países que importan de Rusia petróleo y sus derivados, gas natural y carbón, según los cálculos de Forbes, aparecieron China, los Países Bajos, Alemania, Italia, Turquía, Polonia, Corea del Sur, EE. UU., Bielorrusia y Francia. Los países europeos eran y siguen siendo los más dependientes de los recursos energéticos rusos. En total consumen tres veces más energía rusa que China, que es el mayor comprador: aproximadamente el 60 % del petróleo ruso va a Europa, mientras que el 20 % a China.

Además, Rusia es el segundo país en el mundo por la cantidad de gas natural extraído. Sus principales importadores son Alemania, Turquía e Italia. Para la Unión Europea el gas ruso también tiene mucha importancia, ya que en el año 2021 representó el 40 % de la demanda de la UE. La Agencia Internacional de la Energía señala que durante la última década, la dependencia de la UE y Reino Unido del gas ruso creció significativamente: del 25 % del consumo total en 2009 al 32 % en 2021.

Sin embargo, no siempre fue así. La dependencia de la UE del gas ruso apareció en la segunda mitad del siglo anterior. Aproximadamente hasta los años 70, Europa se abastecía de gas de sus propios depósitos, pero con el tiempo, los depósitos de gas empezaron a agotarse y la demanda solo aumentó. Los países europeos comenzaron a acordar contratos a largo plazo para obtener materias primas baratas de la URSS, que acababa de descubrir nuevos depósitos en Siberia y poseía importantes reservas de petróleo y gas. Las relaciones comerciales entre la URSS y la República Federal de Alemania eran especiales: esta última fabricaba tuberías para los gasoductos y recibía gas a cambio.

En el último medio siglo, Rusia ha hecho todo lo posible para aumentar el número de compradores de sus minerales y convertirse en monopolista, al menos en el mercado europeo. Y todo con el fin de convertir los recursos naturales en su propia arma. Esto lo reconoce en particular la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien en su discurso en el Parlamento Europeo el 25 de julio de 2022, señaló que la Federación Rusa está reduciendo los suministros e invitó a la UE prepararse para la total terminación de los suministros de gas de Rusia.

Qué cambió tras el 24 de febrero del 2022

Desgraciadamente, es bastante difícil superar la dependencia, que estuvo formándose durante décadas, en un par de meses. Según los datos del Centro de Investigación de Energía y Aire Limpio, a pesar de que los ingresos rusos de la exportación de los vectores energéticos han estado cayendo desde marzo debido al rechazo gradual de algunos países, estos siguen siendo altos. Del 24 de febrero al 3 de junio de 2022, la Federación Rusa recibió 93 mil millones de euros por la exportación del combustible fósil. Los importadores más grandes fueron China (12,6 mil millones de euros), Alemania (12,1 mil millones de euros), Italia (7,8 mil millones de euros), los Países Bajos (7,8 mil millones de euros), Turquía (6,7 mil millones de euros), Polonia (4,4 mil millones de euros), Francia (4,3 mil millones de euros) e India (3,4 mil millones de euros).

Por otro lado, algunos países hacen notables avances hacia la renuncia de los recursos de la Federación Rusa. Por ejemplo, Finlandia y Estonia lograron reducir la importación de los vectores energéticos rusos al 50 %. En junio, por primera vez en su historia, la UE recibió más gas importado por vía marítima desde EE.UU. que a través de los gasoductos de Rusia. En abril, Japón anunció que estaba introduciendo un embargo total sobre el carbón ruso. La República Checa planea en los próximos cinco años rechazar totalmente los vectores energéticos rusos. El vicecanciller de Alemania, Robert Habeck, anunció que para el otoño de 2022 el país tiene la intención de independizarse del suministro de carbón de Rusia y, para el fin del año, del petróleo ruso. Reino Unido introduce un embargo dividido en varias etapas: desde el 21 de julio de 2022, se aplica la prohibición de la importación del oro ruso, desde el 10 de agosto, sobre el carbón, y desde el 31 de diciembre, sobre el petróleo.

Notables progresos está logrando Lituania, que en abril de 2022 renunció al gas ruso, y en mayo, de todos los vectores energéticos del país agresor. Los lituanos, en parte, producirán electricidad de sus propios recursos y, en otra parte, la importarán de otros países de la Unión Europea. El país es abastecido de gas por los EE.UU. y el petróleo lo compra a Arabia Saudí. Gracias a eso, Rusia no tiene palancas directas de influencia sobre Lituania, a excepción de las amenazas. Por ejemplo, en respuesta a la prohibición del tránsito de las mercancías sancionadas a través del territorio lituano hacia la región rusa de Kaliningrado (un enclave rodeado por todos los lados por países de la UE), la Federación Rusa anunció que se reserva el derecho de “tomar medidas para proteger sus intereses nacionales”. Qué tipo exactamente de medidas serían y qué significaría eso para Lituania solo los rusos lo saben.

A principios de verano, la Comisión Europea, junto al gobierno británico, planificaba prohibir el seguro de los petroleros que transportan petróleo desde la Federación Rusa; pero a fecha 9 de agosto Reino Unido todavía no se unió a las restricciones. La mayor parte del combustible fósil ruso se transporta precisamente en estos barcos europeos, en particular por empresas privadas griegas, según informó el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba. Por lo tanto, la prohibición del seguro de los barcos complicará y, en ciertos casos, imposibilitará la transportación del petróleo ruso. Además, EE.UU. planea introducir sanciones contra las empresas chinas que registran o aseguran a petroleros rusos con petróleo o gas licuado.

A principios de junio, la UE aprobó el sexto paquete de sanciones, en el cual se fijó la prohibición de la importación del petróleo ruso, que se transporta por vía marítima. Eso creará un impacto perceptible en la economía rusa desde hoy en día, aunque se deben esperar cambios globales más adelante: dado que los países tenían contratos a largo plazo con Rusia y se necesitará tiempo para acabarlos. La prohibición total entrará en vigor desde el 5 de diciembre de 2022. Además, existen excepciones para determinados países, como Bulgaria, que continuará importando petróleo crudo y derivados de petróleo por vía marítima hasta el 2024.

Para que Rusia no pueda utilizar excepciones en las sanciones, el sexto paquete introduce limitaciones importantes: los países que seguirán recibiendo petróleo de la Federación Rusa no lo podrán revender a terceros países, aunque todavía puedan vender los derivados del petróleo. Por ejemplo, India suministra combustible para aviación fabricado con petróleo ruso. A principios de agosto, las aerolíneas europeas no renegaron de ello.

En el séptimo paquete, Polonia propuso incluir un embargo total sobre los vectores energéticos de Rusia, pero su propuesta no fue aprobada. Los países europeos siguen sin estar de acuerdo en este tema, ya que Europa no es una entidad monolítica, y cada uno de los países depende de manera diferente de los recursos del país agresor. Hungría se negó por completo a apoyar la prohibición del petróleo ruso, argumentando que el país necesita garantías de su propia seguridad energética. Esa posición generalmente beneficiosa para el gobierno húngaro y especialmente para el primer ministro Orbán, conocido por su postura prorrusa. Además, el país no tiene salida al mar y su única forma de importar petróleo es a través del oleoducto “Druzhba”.

“Druzhba”
El oleoducto más grande del mundo para la transportación de petróleo desde Rusia a los países de Europa Central y Occidental. Tiene dos ramas: el norte (Bielorrusia, Polonia, Alemania) y el sur (Ucrania, República Checa, Eslovaquia, Hungría).

Sin embargo, los propios rusos incitan activamente a Europa a pasar a fuentes alternativas de energía o buscar nuevos exportadores, reduciendo el suministro de gas. La Federación Rusa utiliza esto como instrumento de presión y arma en la guerra energética, constantemente inventando razones técnicas para reducir los volúmenes de exportación. A mediados de junio, el gasoducto “TurkStream”, que presuntamente necesitaba reparación, estuvo inactivo durante una semana. A mediados de julio, se cerró “Nord Stream 1” supuestamente por obras, y a mediados de junio, Rusia cortó el suministro a través de ese gasoducto hasta un 40 %. Alemania ha detenido todo el trabajo de certificación y lanzamiento de “Nord Stream 2”, por lo que es probable que el proyecto nunca se lleve a cabo.

“Nord Stream”
El gasoducto de Rusia a Alemania, cuya primera rama fue construida en 2011 y la segunda, que pasa por zonas económicas y aguas territoriales de Dinamarca, Alemania, Rusia, Finlandia y Suecia, aún está en espera de certificación.

Desgraciadamente, el chantaje del suministro de gas funcionó con el gobierno alemán, que en julio instó a Canadá, en contra de sus propias sanciones, a permitir la devolución de las turbinas necesarias para dar servicio al gasoducto. Curiosamente, en pocas semanas estas turbinas se atascaron en Alemania y a día del 10 de agosto no llegaron al territorio de Rusia, ya que esta se niega a aceptarlas. Puesto que en este momento, las turbinas para Rusia son un instrumento de presión sobre Europa para conseguir el aislamiento energético de Ucrania. Como señala el periodista Vitaly Portnikov, Putin calculó que el sistema de gasoductos de derivación le permitirá no preocuparse por la preservación del sistema de transporte de gas ucraniano durante la guerra, ya que esta simplemente no será necesaria para nadie. Es por eso que el Kremlin todavía intenta conseguir la certificación del “Nord Stream 2”, chantajeando a Europa con un frío invierno y la ausencia de gas.

No es la primera vez que Rusia chantajea a Europa con la ayuda del gas: ya desde otoño del 2021, la Federación Rusa redujo significativamente el volumen de suministros y comenzó a trabajar solo bajo contratos a largo plazo, como consecuencia, el precio de este recurso se elevó a niveles históricos durante el invierno, como lo señala la BBC. En general, durante el año pasado, el costo del gas ruso aumentó 4 veces, de lo que Putin culpa a la propia Europa. La razón es el deseo de la UE de renunciar gradualmente de los recursos de la Federación Rusa y cambiar a fuentes alternativas de energía, lo cual no forma parte de los planes de Rusia.

Ahora Ucrania necesita fortalecer las restricciones y ejercer presión adicional sobre la Federación Rusa. En junio de 2022, un día de combate armado le cuesta a Rusia 900 millones de dólares, mientras que los países europeos han pagado 800 millones de dólares todos los días al presupuesto ruso por los vectores energéticos desde el comienzo de la invasión. Para poner fin a la guerra y cortar a Rusia la fuente de financiación de los combates, la UE debe aprobar un embargo total sobre el petróleo y el gas rusos.

El principal cambio ocurrido desde el comienzo de la invasión a gran escala de la Federación Rusa en Ucrania es el cambio en la percepción de los políticos mundiales sobre los vectores energéticos rusos. Si el curso de traspaso a las fuentes alternativas de energía fue impulsado desde hace tiempo, ahora se ha acelerado aún más. Eso es beneficioso para Ucrania.

Por ejemplo, la UE puede usar la electricidad ucraniana y ahorrar la cantidad de gas necesario para la producción de su propia electricidad (El 16 de marzo, el sistema energético ucraniano se unió oficialmente a los sistemas de energía de la UE). Según las evaluaciones aproximadas, el ahorro formará un 17 % o 25,5 mil millones de m³ de gas, equivalente a lo que Austria consume durante tres años.

El mundo y, sobre todo, la UE tienen que entender que la dependencia del combustible fósil es un problema, que lleva a consecuencias ambientales, políticas y económicas, especialmente cuando el monopolio en el mercado pertenece a un país petrolero con un régimen dictatorial. Rusia intenta sostener el control sobre el mundo como un estado agresor, creando la crisis alimentaria, energética y migratoria y aumentando la dependencia de otros países de sus recursos. Además, la situación climática en el planeta empeora, pues en lugar de acelerar el proceso de transición hacia fuentes de energía alternativas que permiten ser independientes del combustible fósil de Rusia, los países se ven obligados a reaccionar ante la crisis y buscar otras fuentes de producción de petróleo, gas y carbón.

La Unión Europea y otros estados deben al fin imponer un embargo total sobre el gas y el petróleo de la Federación Rusa, prohibir el aseguramiento de los barcos del país agresor, cerrar las tuberías, renunciar a la compra de combustible de aviación ruso, imponer sanciones a los comerciantes de petróleo involucrados en los suministros de petróleo del país agresor, limitar la posibilidad de pago por los recursos rusos para terminar la guerra cuanto antes y asegurar su propia independencia de recursos. Porque no solo dan miedo los tanques rusos en la frontera con los países independientes. A lo que ayer Rusia propuso un descuento, hoy también se convertirá en su arma.

El material ha sido preparado por

Autor del proyecto:

Bogdán Logvynenko

Autora:

Sofía Panasiuk

Jefa de redacción:

Natalia Ponedílok

Redacción:

Kateryna Legká

Edición de fotos:

Yuriy Stefaniak

Administradora de contenido:

Yana Rusyna

Traducción:

Samira Suleimanova

Redactora de la traducción:

Svitlana Kazakova