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Voces de la ocupación es una serie de historias sobre los ucranianos que vivieron bajo la ocupación rusa y lograron salir. Nuestro primer protagonista es Yevguén, un granjero que sobrevivió dos meses en el pueblo ocupado de Alisivka en Slobozhánshchyna.

Alisivka es un típico pueblo tranquilo ubicado al norte de Járkiv, a dos kilómetros de la frontera con Rusia. Desde el comienzo de la guerra a gran escala con la Federación Rusa, el pueblo ha estado bajo la ocupación. Cerca de 60 campesinos que vivían en Alisivka se encontraron cara a cara con el ejército ruso, que vino a instalar allí el «mundo ruso». Yevguén y su familia se vieron obligados a irse de allí. Logró evacuar además unas cabras de su granja.

La vida antes de la guerra a gran escala

Yevguén nació y vivió en Járkiv. Estudió en la Academia Veterinaria de Járkiv y luego obtuvo una maestría en el campo de la administración pública. Trabajó en organismos de autogobierno local y en el campo de las tecnologías de información. En 2016, él y su familia se mudaron a Alisivka, donde se encontraba la tierra de los padres de su esposa. Allí construyó desde cero la finca familiar Seven Gardens family farm, donde se dedicó a la crianza de animales y a la elaboración de quesos artesanales. En 2022, ya tenían 50 cabras, de raza anglo-nubia pura y parcialmente pura. Además tenían una quesería, donde el hombre procesaba leche de cabra y vaca. La carne de vaca se procesaba hasta 5 toneladas por mes, la carne de cabra, un poco menos.

Cabra anglo-nubia
Raza británica de cabras domésticas, formada en el siglo XIX.

El pueblo estaba habitado principalmente por personas mayores y la familia de Yevguén. La familia tenía una casa y una granja sencilla de 75 m², que ellos mismos construyeron.

Como muchos ucranianos, la vida de Yevguén cambió el 24 de febrero de 2022. Está claro por su historia que el hombre recuerda muy bien ese día. A las 5 de la mañana, ya estaba en la quesería preparándose para hacer queso: ya había comenzado a pasteurizar la leche. Allí escuchó las primeras explosiones, luego vio ráfagas de misiles. Según él, los equipos militares de los ocupantes rusos estaban ubicados en la región de Belgorod, en el territorio de la Federación Rusa, bordeando la frontera noreste de Ucrania. Por eso vio despegar misiles enemigos desde allí. En el transcurso del día, su padre vino de Járkiv, recogió a sus tres hijos, los documentos, dispositivos electrónicos, como un disco duro con fotos, lo que era más valioso para su familia. Yevguén y su esposa se quedaron en la granja porque no podían dejar a los animales.

«Coge la pala, cávate la tumba»

— El 12 de marzo, las tropas rusas entraron en el pueblo: estaban buscando cosas, registraban las casas, incluida nuestra granja. Desde aquel día ellos nunca salieron de Alisivka y todavía siguen allí (en el momento de la publicación del material, el pueblo todavía estaba bajo la ocupación rusa. — Ed.).

Yevguén dice que durante el registro de su casa, los militares rusos buscaban algo sospechoso, entonces le quitaron el rifle.

— Tal vez estaban tratando de encontrar señales de que yo era un soldado o un espía. Había alrededor de 15 soldados rusos, y a mediados de abril, otros 50–60 hombres ingresaron al pueblo: eran kabardinos (uno de los pueblos del norte del Cáucaso. — Ed.). Empezaron a asentarse. El pueblo es pequeño, 40–50 casas, la mayoría de las cuales estaban vacías. Los allanamientos eran regulares. Venían a ver si había guerrilleros ucranianos. Donde vivía la gente, no se instalaron ni les robaron en las casas, pero todas las casas vacías fueron saqueadas.

Según el granjero, durante la ocupación era difícil tener algún medio de comunicación:

— Cada día la conexión empeoraba. Las torres fueron bombardeadas, la infraestructura resultó dañada. Nos quedó sólo un operador de red, «Life» (Lifecell. — Ed.). Activamos el roaming, y solo había una barra (indicador de disponibilidad de la señal de la red. — Ed.) que se encendió. De alguna manera podíamos ponernos en contacto con nuestros familiares. Así que escondimos un teléfono.

El techo de la casa de Yevguén estaba equipado con un panel solar. Lo que era un beneficio agradable y ecológico en tiempos de paz, se volvió vital durante la ocupación:

— Podía cargar mi móvil y las linternas. Eso es probablemente lo que les molestaba (a los ocupantes. — Ed.) que yo tenía algo. Tal vez fue una estrategia para asustarme para que me fuera y venir a robar más tarde. Es difícil decir ahora lo que era. Pero… Pero fue así.

El ejército ruso, como recuerda Yevguén, buscó cuidadosamente teléfonos en su casa durante el registro. Aparentemente, los ocupantes asumieron que podrían estar escondidos:

— Vinieron y dijeron: «La inteligencia nos dio información de que en su casa hay señal de móvil». Me preguntaron para qué tenía un teléfono, por qué lo escondía, si estaba pasando alguna información.

El teléfono de Yevguén, como dice, fue encontrado por los ocupantes durante la segunda búsqueda. Este fue el día antes de que se fueran, y básicamente este acontecimiento los empujó a abandonar el pueblo lo antes posible:

— Me quitaron el teléfono y, como me dijeron, lo enviaron a Belgorod al FSB (Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa. — Ed.) para su inspección. Bueno, allí había fotos ocultas que no se podían encontrar fácilmente. Pero yo entendía de que podrían encontrar algo, si lo revisara realmente un especialista, entonces podrían encontrar algo.

Se metieron conmigo porque éramos la única familia joven en todo el pueblo, y constantemente me decían: «Tú eres el único aquí que no está a nuestro favor. Te estamos vigilando». Revisaban mi teléfono, hubieron amenazas y bromas como: «Enseñanos a tu esposa. ¿Es jovencita?». Luego me llevaron al bosque y, apuntándome con ametralladoras, dijeron: «Coge la pala, cávate la tumba». Cavé una tumba para mí, me pusieron una ametralladora en la cabeza y halaron la corredera hacia atrás.

Yevguén dice que entendió en aquel momento: no lo iban a matar:

— Sentí que era una especie de farsa, pero no descarté la posibilidad de que esa farsa pudiera terminar con un tiro. También les molestaba que yo no tuviera miedo, no temblara, no lloraba, porque veía y entendía que su objetivo era asustarme. Tuve pensamientos sobre que todo esto podría terminar ahora. Ya me despedí de la vida. Pero no me iban a matar, simplemente salimos del bosque y me dejaron ir. Y luego vinieron a nuestra casa nuevamente por la noche, pincharon las ruedas del automóvil y le quitaron la batería. Mi vecino justo había traído su coche a mi casa, porque colocaron morteros cerca de la suya, y también le pincharon las ruedas y le quitaron la batería. Entonces me di cuenta de que me tocaba hacer algo.

Vivir con el enemigo al lado

Algunos condenan de manera imprudente o deliberada a personas de los territorios ocupados por comunicarse con el ejército ruso. Sin embargo, a menudo los residentes de tales ciudades y pueblos se ven obligados a hacer esto por su seguridad y para salvar sus vidas. Yevguén también tuvo que pasar por esto:

— Había diferentes militares: también jóvenes, no agresivos. Y cuando vi que los muchachos eran decentes, hablé con ellos y me explicaron todo tal como es. Que «les importa un pepino esta guerra», especialmente a los del Cáucaso. Son personal militar, según ellos, tienen una opción: ir a prisión (las autoridades rusas amenazan a los militares con responsabilidad penal por negarse a luchar en Ucrania. — Ed.) o ir a luchar. Y yo les dije: «Pero tú puedes no ir a la guerra. Dices que no lo necesitas, entonces deja constancia de que te niegas». Me respondieron: «Bueno, me niego, pero tengo hipotecas y préstamos. Qué futuro tengo si me niego».

Yevguén recuerda lo que los llevó a él y a su esposa a decidir finalmente evacuarse de Alisivka:

— Otra razón por la que nos fuimos es que los militares rusos cavaron trincheras y colocaron morteros cerca de nuestra casa. Es decir, al empezar los combates, todo sucedería justo bajo nuestras ventanas. Por lo tanto, nos dimos cuenta de que ya era muy peligroso quedarse. Por supuesto, cuando todas estas máquinas están al lado, tú lo escuchas todo: cada una de ellas dispara de manera diferente, suena diferente, el suelo tiembla o no tiembla, hay o no hay destellos. Y después logras entender qué es: artillería de cañón, descarga de misiles, cohetes, «Smerch», «Huracán»… No teníamos miedo cuando todo esto llegaba desde Rusia. Pero cuando las batallas comenzaron directamente a cinco kilómetros de nosotros, ya existía el riesgo de que el ejército ucraniano comenzará a disparar contra Alisivka (para derrotar al enemigo. — Ed.). Sin embargo, no disparaban al pueblo, solo había impactos cerca. Debido a que los rusos montaron sus instalaciones en el campo, cerca de Alisivka, impactaban allí, a uno o dos kilómetros de nosotros. Existía el riesgo de que comenzaran a disparar a los morteros que estaban instalados en el pueblo. Los rusos colocaron sus equipos justo entre las casas, los escondieron y los cubrieron con ramas.

Estuvimos en el pueblo hasta el final, porque teníamos la esperanza de que los militares rusos no irían a Járkiv, que aquí no habrá ocupación. Pensábamos, tal vez ahora el ejército ucraniano vendría aquí, se pondría a la defensiva, y todo estaría bien.

La evacuación

La pareja se fue el 27 de abril. Tenían un remolque en el que llevaban consigo las cabras reproductoras más valiosas. Cogieron todo lo que pudieron: 8 animales. Y apenas lograron mantenerlas vivas, porque las cabras se pueden morir del estrés, ya que dejan de comer y de beber agua. La decisión más difícil para Yevguén fue dejar a sus animales.

— Cuando nos fuimos, abrimos todas las puertas de los corrales y cobertizos y dejamos salir a los animales. No sabemos cómo están y dónde están ahora. No hay conexión con nadie, el pueblo sigue bajo la ocupación.

Yevguén cuenta que desde Alisivka hasta el puesto de control ruso había 5 kilómetros, pero entonces ya estaba cerrado. Los militares no permitían pasar, porque ya hubo combates a 5 kilómetros del pueblo. Tampoco se podía salir hacia Ucrania: los ocupantes no dejaban salir.

— Condujimos durante 6 horas pasando por 25 puestos de control a lo largo de la frontera con Rusia, por un camino de tierra. Luego tardamos 8 horas en cruzar la frontera. En el lado ruso, los guardias fronterizos realizaron una búsqueda completa y pasaron el automóvil por el escáner. Luego pasamos por Belgorod hasta la frontera con Letonia, a lo largo de la frontera de Ucrania y Bielorrusia, había unos 1 100 kilómetros hasta Letonia. Pasamos en la frontera otras 40 horas.

Desde allí llegamos a Lituania a la casa de nuestros amigos. También tienen una granja de cabras y una quesería. Solo planeábamos pasar una noche allí, pero luego nos ofrecieron quedarnos: «Quedaros. Necesitamos gente en la granja que entienda los procesos. Y hace tiempo que no conseguimos encontrar a nadie». Dejamos a nuestros animales allí y nos fuimos a Ucrania, a Volinia donde viven nuestros amigos granjeros. Allí nos quedamos durante casi dos semanas. Tramitamos los papeles allí, reparamos el automóvil y nuestros padres nos enviaron los pasaportes extranjeros. Luego nos fuimos a Eslovaquia a buscar a los niños, y de allí a Lituania otra vez, a través de Polonia.

Yevguén y su familia están a salvo ahora, pero dice que todavía siente ansiedad:

— Todavía no puedo decir que todo ha terminado, porque todo sigue en el subconsciente. Mientras estás allí, en condiciones extremas, no se siente. Entiendes lo que tienes que hacer. Cualquier emoción desaparece, solo queda el juicio. Pero ahora todo sale a la superficie, comienza a aflorar: lo que perdimos, lo que tuvimos que vivir, lo que sucederá después con nuestra salud mental, cómo habrá que resolver todos estos problemas. Especialmente lo siento por las noches durante la última semana, en mis sueños todo regresa. Y por la mañana, durante quince o veinte minutos, mientras entras en razón, recuerdas dónde estás, quién eres, quién está cerca, que todo está bien…

El granjero resume que por delante los espera lo desconocido. Él y su esposa no saben si será seguro regresar a casa, ya que una gran parte de Ucrania, en particular los territorios ocupados y desocupados, están minados. Y el desminado es un proceso mucho más largo y difícil que su instalación. Yevguén sugiere que esta es una de las razones por las que algunas personas nunca abandonan los asentamientos temporalmente ocupados: simplemente tienen miedo de no volver nunca a su tierra natal.

— Para aquellos que todavía están bajo la ocupación, les aconsejo que asuman la responsabilidad de sus vidas. Nosotros esperábamos salvar todo dentro de lo posible, pero cuando surgió una amenaza real para la vida, las cosas materiales parecieron insignificantes en comparación con el hecho de que puedan matarte. Por lo tanto, probablemente sea necesario tomar una decisión sobre una rápida evacuación.

El material ha sido preparado por

Autor del proyecto:

Bogdán Logvynenko

Autora:

Vladyslava Kritska

Redacción:

Ania Yábluchna

Entrevistadora:

Jrystyna Kulakovska

Edición de fotos:

Yuriy Stefaniak

Transcripción:

Vitaliy Krávchenko

Transcripción:

Diana Stukán

Viktoria Bodun

Autora de la portada:

Anastasiya Khadzhinova

Administradora de contenido:

Yana Rusyna

Traducción:

Natalia Komar

Redactora de la traducción:

Nadiia Vasylchenko

Svitlana Kazakova